Lautaro, mucho gusto
Por Francisco Godoy
A los 34 años, Lautaro Gervasoni se presenta como una de las opciones
fuertes del oficialismo para defender la continuidad del modelo.
Su historia comienza en Rosario del Tala, ciudad que lo vió crecer y donde
comenzó su formación política. Su incansable
verborragia demuestra su gran afinidad con los libros, parte fundamental de su
educación, marcada tanto intelectual como geograficamente… La escuela quedaba a
una cuadra de su casa.
Lautaro recuerda con cierta nostalgia la vida de niño en el pueblo, sus
andanzas y amistades. De chico jugaba al basquet, aunque se reconoce simpáticamente
como “chancleta”, no sirve para ningún deporte.
De cuna militante, la discusión política siempre estuvo presente en la
mesa. Su madre, de raíz peronista, y sus hermanos, militantes del Partido
Comunista, se han prestado siempre para el debate en las sobremesas
domingueras.
Por otro lado, también recuerda con otro tanto de nostalgia, el trabajo en
el campo, acompañando a su padre, dedicado a la veterinaria, que lo llevaba a
realizar diferentes tipos de labores. Hoy por hoy Lautaro ha dejado el trabajo
en el campo, basicamente porque no tiene uno.
En 2012 asumió como Secretario de Juventud desde donde hace tiempo viene
trabajando en políticas relacionadas a la inclusión del joven en la vida
política y ciudadana. Ejemplo de esto es el apoyo que ha brindado al Instituto
Becario con el lanzamiento de la Tarjeta Becaria, que otorga al estudiante
becado más motivos para mantener un buen nivel dentro del sistema educativo; el
impulso dado a la ley de centros de estudiantes secundarios, herramienta
fundamental para la toma de conciencia política y social desde los primeros
pasos en la actividad ciudadana; la distribución de netbooks del plan Conectar
Igualdad, parte de la redistribución del acceso a la información, entre otras
cosas.
Como candidato a diputado, tiene propuestas relacionadas con su área, que
forman parte de un modelo de país que se viene gestando desde 2003. Llevar a
Nación la ley de centros de estudiantes secundarios es una idea que lo atrae
debido al gran esfuerzo que fue llevar adelante dicho proyecto.
Sueña “con una Argentina integrada, […] donde no haya hambre, donde no haya
exclusión”, y sostiene que el cambio que plantea el oficialismo no se da de una
década a la otra porque debe producir una ruptura cultural donde se comience a
pensar de forma colectiva y el individualismo pierda terreno.
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